El Pilar presume ya de la cúpula de Ramón Bayeu, restaurada y en todo su esplendor

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Un equipo de 10 especialistas ha trabajado ocho meses en la recuperación de la pintura, muy castigada por la suciedad. Bajo los repintes ha aparecido una paloma blanca perteneciente a la obra original

Heraldo de Aragón | Mariano García

ZARAGOZA. La basílica del Pilar ya ha completado su primera gran etapa en el camino que la conducirá a estar en 2040 «como nunca se ha visto, como si se estrenara ese año», tal y como aseguraba ayer el canónigo José Antonio Calvo. El Cabildo Metropolitano y la Fundación Ibercaja presentaron ayer la restauración de la cúpula Regina Patriarcharum de la basílica, una restauración ejemplar en todos los sentidos. Porque ha sido impulsada desde el mecenazgo privado (las obras han sido costeadas íntegramente por Fundación Ibercaja); y por los resultados: la cúpula, que antes era una grisalla casi indescifrable, ahora luce en todo su esplendor y revela que Ramón Bayeu no era ni mucho menos un pintor segundón, aunque viviera siempre a la sombra de su hermano Francisco. El único problema es que ahora, por la limpieza de sus colores, afea aún más a las cúpulas que le rodean.

La idea que lleva el Cabildo es impulsar de inmediato nuevas restauraciones y, según revelaba Isaac González Gordo, conservador-restaurador de las catedrales zaragozanas, las candidatas a ser restauradas próximamente son las cercanas Regina Sanctorum Omnium* y *Regina Virginum.

Las velas y la calefacción

Pintada al fresco por Ramón Bayeu en 1782 bajo la dirección de su hermano Francisco, la cúpula es la primera que se encuentra el visitante tras franquear la puerta principal del templo. Está dedicada a María, como Reina de los Patriarcas, y presenta a la Virgen bajo un palio sostenido por ángeles, rodeada de una compleja escena celeste en la que aparecen numerosos santos y alegorías de virtudes representadas en las pechinas.

La restauración ha corrido a cargo de las empresas especializadas Kalam y Tarma Restauración, que se han ocupado de los elementos arquitectónicos, por un lado, y de los pictóricos, por otro. Un equipo de diez restauradores (Alek Muñoz, Andrea Cantos, Raquel Sanz, Marta Pérez, Lucía Carmona, Sandra García, Asun Toral, David Sales, Javier Martín e Ignacio Fernández), coordinados por Beatriz Martín, se han ocupado de la restauración pictórica. Han sido ocho meses de intenso trabajo.

«Tenía signos de deterioro, como grietas antiguas o repintes… pero no era muy grave —resume Beatriz Martín—. El principal problema ha sido la suciedad. Toda la cúpula estaba llena de hollín y de micropartículas grasas, que hemos limpiado en seco, aspirando esas partículas y luego, en una segunda fase, pasando unas gomas absorbentes especiales por las pinturas».

Si el humo de las velas de cera ha ensuciado durante décadas el interior del Pilar, en este caso la suciedad ha sido aún mayor, puesto que la cúpula se sitúa debajo y junto a las chimeneas del antiguo sistema de calefacción de carbón, con el deterioro que se puede suponer. Nada de ello es visible ya.

Pero, además de la luminosidad que tiene la obra, lo más destacado de la intervención, lo más novedoso, quizá sea los efectos de la eliminación de los repintes. En el interior del cupulín, un repinte antiguo mostraba lo que parecía ser un pájaro pintado de color negro; al eliminarlo, ha salido a la luz una paloma blanca, símbolo del Espíritu Santo, rodeada de nubes y querubines. Y eso le devuelve al conjunto su sentido original. La obra se entiende mejor.

En 2006 ya ocurrió algo parecido cuando se trabajaba en la restauración de la cúpula Regina Martyrum que Goya pintó en el Pilar, y es que los restauradores, al eliminar otro repinte, descubrieron la paloma del Espíritu Santo en el interior del cupulín.

Otros hallazgos importantes han sido, según revelaba Isaac González Gordo, los dibujos preparatorios incisos sobre el mortero realizados por los artistas durante la realización de la obra, o unas pilastras fingidas con policromía que habían permanecido ocultas bajo capas de pintura posteriores.

Amado Franco, presidente de Fundación Ibercaja, destacaba que «esta restauración tiene un sentido muy especial para nosotros, porque estamos celebrando el 150 aniversario y porque no es una restauración más. Está en el Pilar, en la que es nuestra casa y la de todos los españoles». Y avanzó: «Seguiremos apoyando todo lo que sea poner esta basílica en perfecto estado de revista para el año 2040».

El arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, aseguraba por su parte que la cúpula ahora renovada «es una de las obras de arte más significativas de la basílica, y ahora que la vemos consolidada estructuralmente, restaurada y con una nueva iluminación artística comprobamos que el conjunto de las cúpulas es un ciclo muy relevante dentro de la historia de la pintura española, comparable a lo que puede verse en los palacios reales».

A la presentación asistieron también el deán, Juan Sebastián Teruel, el director general de Fundación Ibercaja, José Luis Rodrigo, y miembros del Cabildo y del equipo de restauración.

Mariano García

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