El nuevo proyecto del Ayuntamiento de Zaragoza para la Lonja reincide en el error de no considerar el valor propio de este espléndido edificio, que debe ser respetado.
Heraldo de Aragón.
Carmen Gómez Urdáñez. Catedrática de Historia del Arte

Como si el pasado inmediato no hubiera existido, el Ayuntamiento de Zaragoza propone de nuevo un proyecto para ‘su’ sala de exposiciones de la Lonja que ignora al edificio. ¿Todavía no se ha entendido la idea simple de que la Lonja es la Lonja?
¿Después de lo que ha llovido a raíz de su reciente plan de aprovechamiento de la falsa, ascensores incluidos? ¿Ni siquiera después de que, en marzo, los grupos políticos aprobaran por unanimidad en la Comisión de Cultura y Educación de las Cortes aragonesas la proposición no de ley que compromete a todas las instituciones a impulsar la solicitud para que la Lonja sea declarada Patrimonio de la Humanidad, junto con las dos que aún no lo son (Barcelona y Mallorca) del grupo de las cuatro (Valencia ya lo es) de la Corona de Aragón?
¿En qué curva del camino se ha perdido nuestro Ayuntamiento que no nos sigue en la iniciativa?¿En qué momento se ha despistado y ha perdido el hilo de la lección para manifestarse con esta incoherencia? ¿No había comprendido ya que la Lonja es el edificio excepcional que tenemos la fortuna de poseer y conservar en el corazón de la ciudad y en el alma de su historia? ¿No había asimilado su extraordinario valor, en sí misma y como parte de un conjunto de lonjas que no tiene parangón en España y en Europa por su tipo singular, reiterado durante el siglo y medio que duró el apogeo comercial, económico y político de las cuatro capitales hispanas de la antigua Corona de Aragón?
Desconcierta verdaderamente el proyecto de ‘sala de exposiciones’ que la casa común de los zaragozanos nos acaba de dar a conocer. Es ajeno a la consideración esencial de que la Lonja es BIC (Bien de Interés Cultural, la máxima categoría de la catalogación) y ya, por decisión unánime de los representantes de los aragoneses en las Cortes, candidata a convertirse en patrimonio de la humanidad; con la condición, claro está, de que no la menoscabemos, ni mucho ni poco. El proyecto, que tiene visos de transaccional, entre la concesión de una visión mayor de la sala de la Lonja y el afán por su aprovechamiento, la menoscaba, y llueve sobre mojado.
El nuevo proyecto del Ayuntamiento de Zaragoza para la Lonja reincide en el error de no considerar el valor propio de este espléndido edificio, que debe ser respetado
En 1914-1915, se derribó el antiguo Ayuntamiento que se encontraba en parte anexo a su fachada norte, la que da al Ebro. Se encontró esta demasiado pobre y, siguiendo el principio clásico, vigente entonces, de la regularidad, se repitió el juego de tres vanos, una puerta y dos grandes ventanas en sus flancos, que tenía la fachada entonces principal que daba a la actual calle de Don Jaime I. Pasó lo mismo con la fachada sur: se la dotó de estos tres vanos, puerta y dos ventanas, al ampliarse, por esas fechas, la estrecha calle del Pilar, que hasta entonces había dificultado la perspectiva amplia sobre ese lado de la Lonja –había que contemplarla como una pieza de arte en un museo, se pensaba a la sazón–. La restauración de la Lonja de 1989-1990 produjo la última alteración de los vanos de la planta baja: las grandes ventanas de cada fachada se rasgaron para convertirlas en puertas, creyendo, erróneamente, que las únicas originales, las de la fachada este, la principal, hacia Don Jaime I, lo habían sido en su día. Llueve, pues, sobre mojado, y cala hasta herir los sentidos, que la puerta originaria principal, única que ha quedado sin alterar hasta este momento, se altere, ahora, en este contexto, cuando sí sabemos, y cuando proponemos que la Lonja se preserve como la reliquia que es en el contexto del valor patrimonial extraordinario de las cuatro lonjas de la Corona de Aragón.
¿Eliminar las gradas de la puerta para colocar una rampa que cumpla la normativa? ¿Qué normativa? ¿La de un BIC que es ‘solo se admite la restauración’? (y sin atender los requisitos de la Unesco para que la Lonja sea declarada patrimonio mundial).
¿Alterar o eliminar la puerta de madera chapada, con sus herrajes, de este acceso que se quiere reconvertir en original, también por lo transaccional de conceder algo a la originalidad del edificio mostrando el espacio del eje hacia el arco decorado que enmarcaba, al fondo, el altar del Ángel Custodio, patrón de la ciudad?
No, estas actuaciones no son males menores, sino mayores. Y la incorporación de baños, y otros espacios prácticos para la tal ‘sala de exposiciones’ (que durante décadas han sido prescindibles), así como la elevación de la cota del suelo, no son afecciones mayores al edificio sino descomunales.
La Lonja es BIC y, si esta vez hemos entendido bien la lección –y solo así–, también será, junto con sus hermanas de la Corona de Aragón, exquisitamente respetadas hasta aquí –en la imagen, la de Valencia–, patrimonio de la humanidad.