Medio Pilar sigue sin pintar

|

Guillermo Fatás | Heraldo de Aragón

Pintar en las grandes superficies curvas y desnudas que forman la parte alta del gran templo aragonés es empresa de costo y dificultad que arredran a cualquiera

Los murales del Pilar en sus cúpulas y bóvedas se han hecho a impulsos, como por espasmos. Y falta medio templo por pintar.

La tradición más común (no única) dice que María, en tiempos del emperador Calígula, visitó a Santiago en un viaje milagroso a César Augusta, donde dejó una columna que permanecerá hasta el fin del mundo.

La Archidiócesis prepara ya sus celebraciones para 2040, que prevén mejoras del templo (necesita no pocas).

Hoy, casi ultimadas ciertas obras en las torres, se restaura la cúpula junto a la Puerta Baja, pintada por Ramón Bayeu.

1996 31941 6572275.r d.1489 810 3302
Un aspecto del boceto de Jorge Gay para la cúpula «Reina de la Paz» en el Pilar

Primer impulso

El templo vivió un doble primer impulso a causa de la Santa Capilla: entre 1753 y 1782 se adornaron grandes espacios en torno a la flamante Santa Capilla, exquisitamente concebida y ejecutada bajo la magistral dirección de Ventura Rodríguez, madrileño de Ciempozuelos.

Fue muy romano, aunque nunca pisó Italia. La estudió muy bien y, en la corte de Fernando VI, trabajó a las órdenes de los italianos Juvarra y Sacchetti, de quienes aprendió técnica y gusto.

Fue un gran beneficio para Zaragoza que trajese aquí su talento extraordinario y eligiese a colaboradores de mérito, bastantes de ellos aragoneses, para componer y ejecutar con todos una magnífica sinfonía plástica.

La Santa Capilla, pues, impulsó la primera secuencia.

Grandes frescos murales adornan desde esas fechas las alturas del enorme edificio, hasta entonces desnudo de color.

Francisco Bayeu, insuperable en aquel tiempo; su hermano Ramón, perpetuo acompañante y de arte no desdeñable; su cuñado Francisco de Goya, del que nada se dice aquí por su notoriedad.

Aunque menos famoso entre nosotros, el primero de todos, Antonio González Velázquez, pintó en 1753 la cúpula elíptica sobre la Santa Capilla, de fino dibujo y suave colorido.

Describió la construcción del templo ordenado por María, labrado por canteros fieles a las instrucciones de ángeles que les explican cómo proceder.

Apenas puede verse, por su situación, pero es de altísima calidad.

Durante un treintenio, tres grandes artistas pintaron las alturas del Pilar.

Goya fue el primero, recomendado por su cuñado Francisco Bayeu, uno de los mejores pintores de la Monarquía: en 1772 pintó el pequeño coro frente a la Virgen.

En 1783 podía darse por concluido el programa: las alturas alrededor de la Columna se habían poblado con figuraciones sobre María como Reina de los Santos (1775), de los Ángeles (1776), de los Profetas, los Confesores, los Apóstoles, los Mártires, los Patriarcas —ahora bajo cuidados— y las Vírgenes (1781-1783).

Una serie de once frescos sobre grandes espacios curvos, de tamaños entre los ochenta y los doscientos cincuenta metros cuadrados. Todos, menos uno, obra de tres miembros de una familia.

Segundo y tercer impulsos

En la Zaragoza ruinosa y desmedrada que sobrevivió a los asedios franceses de 1808 y 1809, todo se paralizó.

Se concluyó la cúpula central en 1872 y se perdió la ocasión de llamar al gran Francisco Pradilla. Lástima grande.

Pintaron artistas de honrada técnica, más decorativos que creadores, siendo el principal Bernardino Montañés, que ideó el ornato de la cúpula mayor, ejecutada junto a Mariano Pescador, León Abadías, Francisco Lana y el joven Marcelino Unceta.

Desde 1952, el valenciano Ramón Stolz pintó una Alegoría de la Música y la cúpula Reina del Rosario, ambas aseadas y en el área del coro.

Y vino otro parón.

Cuatro impulsos fallidos

1978. Se intenta un avance: el Cabildo pide a Dalí una Reina de la Hispanidad y Dalí pide al Cabildo doscientos millones (que luego deja en cien).

Habría sido un manantial de visitas, pero no había tanto dinero como pedía “Avida Dollars”.

A este desengaño siguieron dos intentos, más a ras de tierra, en los que, por designación o concurso, hicieron bocetos Pascual Blanco, José I. Baqué, Á. Aransay, J. M.ª Martínez Tendero, J. L. Cano, Natalio Bayo y José Orús, rehusando algunos concurrir.

Ofrecieron temas como Patrona de Aragón, María y los pobres, Mater Ecclesiae, Regina Pacis, Causa nostrae laetitiae y Regina Hispanitatis.

La mayoría los guarda el Museo Episcopal.

En 1995, al cumplir sus cien años, Heraldo ofreció pagar esa bóveda huidiza, dedicada a María Reina de la Paz.

El Cabildo dio su venia.

Quedaron finalistas de la convocatoria Arranz, Blanco y Gay, alzándose este último, por mayoría, con la designación.

Pero, en octubre de 1996, el Cabildo desistió, alegando causas de calidad, adecuación y técnica.

Gran chasco para el periódico.

El último intento

El último intento también ha sido fallido, además de sonado.

Antonio López propuso una escultura mirando al gigantesco rostro de una mujer de edad indefinida, tema único para toda la superficie. Una presencia abrumadora.

En 2016 se abandonó el plan.

Cada intento, un fiasco.

Una docena de artistas al retortero, tanto aragoneses como foráneos, de fama local o renombre mundial.

¿Tendrá gafe ese santo lugar?

Quizá se sepa antes de 2040.

Deja un comentario